Por Livia Díaz
Perdonando este prólogo tan largo, vamos al grano porque yo no
creo en la oratoria, la Insurgencia Obrera, la rebeldía contra los líderes
ladrones, contra las intromisiones oficiales en los asuntos de los sindicatos,
contra la política turbia interesada que trata de atajar la mejoría
justa y urgente de los trabajadores, no la promoví yo. Y no lo digo con
sorna sino con pena, pues no me parece vergonzante impulsar causa tan noble,
pero tampoco lo fueron los líderes nuevos, es cuestión de lógica
elemental conocer, la insurgencia obrera estuvo determinada por la insolencia
y la explotación.
Así comenzó el periodista Alberto Domingo su conferencia
“La insurgencia obrera” realizada el miércoles 10 de junio
de 1959, en el local de la Asociación Mexicana de Periodistas en la ciudad
de México refiriéndose a la época de rebelión nacional
que “tiene su explicación contundente en el descaramiento
del charrísimo que el régimen alemanista instituyó para
defender los intereses de los tiburones con fuero”.
La imposición de direcciones espurias en los sindicatos
por medio de la violencia y con el apoyo de las fuerzas armadas y Poder Público
se extendía por todo México. Ferrocarrileros, petroleros, maestros,
telegrafistas, azucareros entre otros, luchaban por su derecho a manifestarse,
el derecho a huelga, a la autogestión de sus asuntos sindicales, incrementos
salariales, derecho a la información y liberta de prensa.
EL “OTONISMO”
1958 parece haber desaparecido del mapa aunque se distinguió como
una época en que la fuerza pública se descaró a favor de
las autoridades y arremetió contra los maestros cuando el Movimiento
Revolucionario del Magisterio, dirigido por Othón Salazar, que ya desde
el 56 estaba en lucha intentó reunirse en el zócalo respondió
agrediéndolos salvajemente. Comenzaron a perseguirlos por lo que el autor
establece al “Othonismo” como determinante de lo que pasó
después.
En tanto los telegrafistas se debatían en condiciones deplorables
de miseria y explotación se fueron al paro laboral ante la indiferencia
de sus líderes que no quisieron escucharlos, el Ejército protegía
las centrales de telégrafos, y comenzó una campaña de calumnias
a fin de romper el movimiento, pero los maestros que habían resistido,
lograron un aumento de salario de 130 pesos a mil 50.
La Compañía de Luz para un alza de 15 por ciento de salario
a los obreros, correspondió con alza de tarifas al doble, el pueblo soportaba
los excesos, se avecinaba la revisión del contrato colectivo de trabajo
en Ferrocarriles Nacionales con elección de líder sindical que
ganó Demetrio Vallejo. Todo esto pasaba en 1958, un año que parece
haber sido borrado de la historia Nacional y que se destacó por la emancipación
de trabajadores y la brutalidad con que las campañas de “limpieza”
como eran llamadas a fin de no incomodar a la burguesía, se enfocaron
a romper movimientos, huelgas y crear sindicatos que fueran convenientes al
poder.
Los Petroleros que habían luchado por sanear su Sindicato y creían
que “luchar desde dentro” para lograr cambios era lo conveniente,
pronto fueron traicionados por líderes sucios. Sufrieron cruentas represiones
pero tuvieron su golpe fatal en diciembre del 58 cuando los líderes de
la Zona Norte que se llamaban “revolucionarios convencidos” en vez
de plantar un congreso legítimo lo hicieron espurio, acudieron a la convención
para dar el quórum al racimo de horca encabezado por Pedro Vivanco que
se apoderó del Sindicato.
En tanto, los Ferrocarrileros fueron reprimidos en la forma cruenta cuando
la huelga estalló ante la negación de darles el incremento salarial
y reconocimiento de su líder sindical, las autoridades la declararon
inexistente, y en todo el país se suspendieron las garantías individuales
y fue instalado el Estado de Sitio. Más de tres mil personas fueron llevadas
a campos de concentración, miles desfilaban con ordenes de aprensión
judiciales, era sábado de gloria, 28 de marzo de 1958, si esto es México;
desde Sonora hasta Yucatán se repitieron las persecusiones, encarcelamiento,
asesinatos y crímenes acusados de "disolución social y alteración
de la paz".
"DISOLUCIÓN SOCIAL Y ALTERACIÓN DE LA PAZ"
Zacatecas fue quizá el caso más dramático de la historia
mexicana. Cuando la ciudadanía pidió elecciones libres para cambiar
el gobierno de Leobardo Reynoso que había durado 20 años, se les
reprimió a balazos tal y como decía Porfirio Díaz “Mátalos
en caliente”. Un año después Francisco Espartaco García
anunció a los cuatro vientos que la paz y la tranquilidad había
regresado.
En Poza Rica, donde la matanza la hicieron pistoleros sindicales el 6
de octubre de 1958, más que acallar se calentaron los ánimos.
Con un ardid el jefe militar de zona aprehendió a los cuatro líderes
del pueblo que no quiso a un homicida como presidente municipal y mandó
al Campo Militar Número I, a los doctores Fausto Dávila y Francisco
Villa Rentería y a los profesores Víctor Meseguer e Isidro Capitanachi,
mientras los habitantes de este centro petrolero, convertido en cueva de rapiña
de los gángsteres del sindicato, era apaleado una y otra vez y llevado
a las cárceles a pudrirse en nombre del principio de autoridad y el orden
público.
Tan dura como la represión en el seno del sindicato petrolero,
criadero de millonarios cínicos y homicidas con fuero, que solamente
la Zona Sur del sistema, en la región de Sotavento, desde la camarilla
morterista hace y deshace a su antojo, fueron asesinados los operadores: Jesús
Delgado Díaz en Agua Dulce; Santillán en Minatitlán; Hidalgo
en Nanchital y Ramón Henry en las Choapas, en tanto los periodistas independientes
se veían perseguidos y amenazados de muerte.
En 1958 fue ardua la lucha de los obreros del petróleo para limpiar
su Sindicato. Sufrieron cruentas represiones pero a ningún lado condujo.
Nadie se atrevió a decir que el acto de barbarie contra los trabajadores
abrieron llaga en el campo nacional y el internacional. Muchos países
llegaron a la presidencia de la República para reclamarlos pero no se
boletinaron….
Los periodistas fueron calificados de “en vez de clarificar estas cosas,
por ahondar en la conciencia, todos agitadores que se escudan en la credencial
de prensa”. La prensa oficial decía que “todo el país
transcurre en sana paz”. “Teníamos 600 millonarios y ahora
tenemos diez mil”, concluye Alberto Domingo; “el día de la
Ley Mordaza”, 7 de junio, atropellaron e hirieron a dos periodistas
veracruzanos y varios enmascarados destrozaron la imprenta “Periódicos
y Revistas”... como decía Nikito Nipongo “en tanto el pueblo
pierde la esperanza ¡Los poderosos pierden la vergüenza!”.
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