· El caciquismo sindical ocasionó la tragedia
aquel 6 de octubre
· La llama de la democracia y la libertad quedaron
encendidas
Por mario NORIEGA VILLANUEVA
Informatepr.com
El presagio de tormenta aquel 6 de octubre que la población no olvida,
se sentía porque los trabajadores petroleros que pugnaban por la democracia
interna en la Sección 30 del STPRM, no cejaban en su intento por derribar
las cadenas de la opresión sindical y el cacique Pedro Vivanco García,
junto con sus seguidores de ninguna manera se mostraban dispuestos a ceder el
poder.
Atrincherados cual matones de la más baja calaña, los homicidas
emboscados, esperaron a fuertemente pertechados con armas de fuego de todos
calibres a la manifestación que no solamente era de petroleros porque
el movimiento anticaciquil había ganado la simpatía popular, sino
de gente de todos los estratos sociales.
A la orden de fuego dada con la más criminal de las intenciones para
tratar de apagar esos deseos de reivindicación y libertad sindical, se
dio sin más ni más cuando la multitud estuvo a tiro. Detonaron
las mortíferas armas y las primeras en caer fueron Consuelo Marroquín
y Macrina Rabadán. Después, muchos más. Nunca se supo cuántos,
porque cuerpos y cuerpos de inocentes, según las versiones de quienes
aseguran haber visto el movimiento, fueron levantados por testaferros del cacique
y llevados a los talleres donde se encontraban los tanques de sosa cáustica.
Huelga decir que así los desaparecieron, borrando cualquier evidencia
de cuerpos, tal como hacían con quienes consideraban sus enemigos.
Los desaparecidos fueron muchos. Nunca se sabrá con exactitud cuántos.
Sólo los asesinos, varios de los cuales aún viven porque los trabajadores
los conocen, llevan bajo sus hombros y en sus negras conciencias el peso de
esa culpa, por haber masacrado inmisericorde y cobardemente a sus hermanos y
a inocentes que no tenían absolutamente nada qué ver con el movimiento
petrolero pero que simpatizaban con el.
Así se tiñó de púrpura aquel 6 de octubre. Ahí
nació sin embargo, el hambre de libertad. Oficialmente, seis fueron los
muertos, muchos heridos, quien sabe cuántos desaparecidos.
Poza Rica, se tiñó de sangre y se vistió de luto. El caciquismo
aparentemente había desarticulado a la oposición reivindicadora
de los derechos inalienables de los petroleros, pero no cabe duda que “perdiendo
se gana” y finalmente, Pedro Vivanco García, tipo muy listo, iletrado
pero demasiado astuto, tuvo que dejar el poder ante la disyuntiva de tener que
responder por todo lo ocurrido.
Fue una página roja en la historia de Poza Rica, pero movimientos sociales
como esos, aún con costos tan altos, le han dado temple a esta ciudad
pujante, luchadora e incansable en su afán por alcanzar el progreso que
se le ha negado en muchas ocasiones, pero que no desmaya en buscarlo. Alguna
vez habrá de lograrlo para satisfacción de todos, incluso de quienes
no participan.
Por lo pronto, la llama de la libertad, sigue encendida. Quienes verdaderamente
quieren a Poza Rica, luchan porque se desarrolle en ese ámbito. Sus nuevas
generaciones ya sus hijas, tienen un gran reto si retornan a la historia, la
conocen, se enorgullecen d e quienes la han ido forjando y luchan como éllos,
hombres y mujeres firmes, de carácter, valientes, decididos a defender
la dignidad y sus derechos.
Seis de octubre, Poza Rica tiene varios motivos para no olvidarlo, pues en esa
fecha ocurrió la matanza y en esa misma fecha –y desde un día
antes—tuvieron lugar las peores inundaciones de las que tengamos memoria,
superadas con decisión y con la solidaridad de todos y de muchos mexicanos
de todas partes del territorio nacional. Pero aún así, Poza Rica,
vive, se yergue orgullosa y dispuesta a continuar construyendo su futuro.
Honor a quienes ya no la vieron llegar a sus bodas de plata como municipio
libre y que sin embargo, fueron protagonistas importantes de su historia. Seis
de octubre, no se olvida. Seis de octubre, se incentivó el deseo ferviente,
decidido porque el desarrollo de la ciudad, sea en la dignidad y con libertad.
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