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Sin Valor
PARA ESCAPAR


“La integridad psicológica de la mujer abusada se fragmenta; ella comienza a sentirse insignificante, pequeña, avergonzada de ser y existir”.

La sociedad cuestiona el valor de las mujeres que viven violencia domestica, sin embargo los criminólogos plantean que estas viven condiciones psicológicas equiparables a las víctimas de tortura. La psique de la mujer que vive violencia no funciona igual que la de aquellas que no son maltratadas. El psicólogo Andrés Montero, explica la estructura mental de las mujeres que no pueden escapar del victimario.

El dolor físico que produce en una mujer la agresión de su pareja cesa, se mitiga cuando los censores somáticos apropiados dejan de enviar comunicaciones a los centros nerviosos encargados de procesarlo. Tras el golpe, tras la paliza, el organismo acciona mecanismos de reajuste que se encargan de restañar las heridas, de rehabilitar en la medida de lo posible un equilibrio que en situaciones de tortura no puede ser más que precario pues la exposición a la amenaza supedita la salud a la movilización sostenida del sistema de alerta de la víctima, siempre en tensión, agotado. Incluso, en entornos de agresión constante el cuerpo eleva sus umbrales perceptivos y el dolor acumulado se siente menos, se soporta más. Con todo, a pesar de las heridas y cicatrices que los golpes dejan en la piel, el mayor impacto en las mujeres víctimas de violencia por parte de sus parejas masculinas trasciende los confines fisiológicos del organismo, pues es atribuible a las repercusiones psicológicas, a las secuelas emocionales inherentes a las agresiones en una relación íntima.

En el ámbito de la violencia contra la mujer en contextos domésticos, las agresiones siempre provocan consecuencias de índole psicológica asociadas a las lesiones físicas producto de los golpes. Las expresiones de deterioro psicológico encontradas en las víctimas de maltrato habitual oscilan entre la ansiedad crónica o la depresión por desesperanza, hasta la configuración de cuadros psicopatológicos como el síndrome de estrés postraumático. En este síndrome la mujer violentada es invadida por constantes pesadillas y pensamientos interferentes protagonizados por su agresor, se encuentra dominada por una respuesta de alarma desajustada que la hace hipersensible al entorno, y su cuerpo y mente se convulsionan cada vez que evocan un lugar, un acuerdo del ambiente donde sufre o sufriera la violencia.

Todos los efectos son generalmente identificables a posteriorum se hacen patentes cuando se detecta la violencia. Sin embargo, en el espectro de modos denigrantes de anular a todo ser humano, encontramos otro tipo de maltrato no ligado necesariamente a violencia física alguna, más lento, más sutil, más destructivo es el maltrato psicológico.

La renovada legislación tanto en México como en España, reconoce el maltrato psicológico habitual como tipología delictiva en causas de violencia familiar, no obstante es poco probable demostrar judicialmente su presencia. El maltratador psicológico no usa la fuerza de sus manos, no utiliza objetos para golpear, no agrede sexualmente. Su violencia tiene el mismo objetivo que la aplicada por medios físicos, anular y dominar a la víctima, este pone en practica diversas tácticas, se encarna en desvalorización y amenazas encubiertas, restricciones de la libertad de la mujer, críticas y ridiculización en el aspecto iniciativa y personalidad; culpabilización, y en torno a ello, un paulatino aislamiento que reduce las posibilidades de escape de la víctima y la expone a un entorno deshumanizante, que tiene en conjunto un resultado acumulativo que debilita el sentido de identidad de la víctima.

Detectar el abuso psicológico y fijar su existencia mediante medios de prueba es un reto todavía no afrontado con claridad por el sistema de asistencia a las víctimas. El maltrato psicológico esta subyacente, a menudo sin alcanzar el estatus de prueba, en la práctica totalidad de causas penales por violencia doméstica y en la mayoría de causas civiles de separaciones contenciosas. En paralelo, unida a la apropiada instrumentación de medios por parte del sistema de justicia, es necesario extender la concienciación de la población en general acerca la naturaleza e implicaciones del abuso psicológico, un área poco explorada pero cuya comprensión es imprescindible y nuclear para desterra ciertas dinámicas deshumanizantes de las relaciones de pareja.

Andrés Montero Gómez
ESTA BOCA ES MIA

la violencia, en cualquier escenario tiene un efecto bidimensional, actuando nocivamente sobre la víctima tanto en un plano físico como psicológico.


NO A LA VIOLENCIA
25 DE NOVIEMBRE DIA INTERNACIONAL DE LUCHA CONTRA
LAS MUJERES Y LOS NIÑOS

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