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En
la gráfica Mario Román del Valle y Jeffrey Wilkerson
en la conferencia en Cumbre Tajín
(Foto Especial)
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Tres
intelectuales de gran talla trabajaron activamente por rescatar, revalorar
y proyectar a la ciudad arqueológica de El Tajín. Ellos fueron el extraordinario
muralista Diego Rivera, y los arqueólogos José García Payón y el norteamericano
Jeffrey K. Wilkerson.
El primero de ellos promovió la construcción de la primera carretera
que uniera al sitio arqueológico con la ciudad de Papantla; mientras
que el segundo laboró infatigablemente a lo largo de más de 38 años
por conservar y rescatar la antigua ciudad sagrada de los totonacas;
en tanto que Wilkerson, prestigiado investigador de National Geographic,
ha realizado brillantes estudios sobre dicha zona, dando a conocer al
mundo entero la trascendencia de El Tajín, según estableció el historiador
Mario Ángel Román del Valle, Cronista Adjunto de Poza Rica, quien dictó
una conferencia relacionada con este tema.
En 1938, justo en el año de la expropiación petrolera, el Instituto
Nacional de Antropología e Historia, comisionó al arqueólogo y arquitecto
José García Payón para que realizara trabajos de exploración y reconstrucción
del sitio arqueológico totonaco. Y este hombre de ciencia se enfrentó
a un enorme reto, con gran escasez de recursos. Sus valiosísimos trabajos
sirvieron para revelar más claramente cuál era la gran importancia histórica
de la vieja ciudad del Trueno, señaló Román del Valle.
El propio García Payón nos relata cómo estaba aislado El Tajín en aquellos
años treinta del siglo pasado.
“No había caminos sino de herradura, había que llegar a Papantla
y de ahí, por entre la serranía y bosques viajar a caballo y mula,
con todo y materiales, equipo, alimentos …. las veces que fuera
necesario, por eso las temporadas de campo eran más bien
estancias. Algunas veces resultaba más cómodo llegar a Tajín por
barco desde Veracruz o Tampico hasta Gutiérrez Zamora, sobre
el río Tecolutla y de ahí en barcaza río arriba, por donde bajaban
los productos de la sierra, luego continuar a caballo”.
Garcìa Payòn, con una dedicación admirable, venciendo innumerables carencias
y obstáculos, se ocupò años y años, en reconstruir la pirámide de Los
Nichos, explorar los alrededores, desmontar un buen número de edificios,
recobrar para la Nación una gran cantidad de esculturas y monolitos,
rescatando muchas manifestaciones de ese extraordinario arte del que
hablaba Rivera, y revelando a la sociedad contemporánea mexicana las
joyas de aquel esplendoroso pasado.
Con su autorizada voz, y apoyándose en su invaluable trabajo científico,
en muchísimos reportes, artículos, folletos, informes de labores, y
libros publicados (lamentablemente de muy escasa divulgación masiva),
el arqueólogo zacatecano expresaba su preocupación, no sòlo por valorar
debidamente al Tajìn, sino tambièn por preservar debidamente sus ruinas
y por no permitir que fueran saqueadas sus esculturas originales.
Este arqueólogo mexicano trabajó en El Tajín hasta poco antes de su
muerte, acaecida en 1977.
Mario Román, quien ha estudiado la historia de Poza Rica y la región,
apuntó, en relación con Diego Rivera que además de excelso pintor, siempre
fue un intelectual que estudió, valoró y admiró profundamente el arte
prehispánico de nuestro país. Como todos sabemos, su colección de dicho
arte era impresionante, no sólo por el número de sus piezas, sino por
la propia calidad de múltiples esculturas que la componían. Por ello,
resulta más que natural que, cuando en la década de los cuarenta visitó
Papantla, a instancias de su amigo, el periodista y escritor papanteco
José de Jesús Nuñez y Domínguez, creciera su admiración por la Pirámide
de Los Nichos.
Como bien apunta Wilkerson, Diego Rivera pintó, en su famoso mural del
Palacio Nacional, una bellísima reconstrucción, alegórica y colorida,
de El Tajín, visto por su prodigiosa imaginación creativa, como una
ciudad viva, llena de danza, arte y suntuosa cultura. Ahí, en el histórico
edificio, puede verse un Tajín habitado, evocado de su pasado grandioso,
pero que es legado vivo para los mexicanos de este y cualquier tiempo.
El Maestro Rivera se dolía por aquellos años, de que El Tajín estuviera
casi aislado, pues como ya hemos dicho, sólo se podía llegar a él por
medio de caballos o mulas. El combativo, cuanto controversial, muralista,
aceptó gustoso formar parte del grupo “Amigos de Papantla”, y desde
su privilegiada posición de titán del arte nacional, gestionó activamente
que el gobierno de la Repúplica, entonces a cargo de Miguel Alemán Valdéz,
construyera la primera carretera asfaltada que unió a El Tajín con la
señorial Papantla, de nuestros mayores.
En una conferencia dictada en el año de 1947, Diego Rivera, luego de
advertir la urgente necesidad de construir la citada carretera, “para
que puedan todos los habitantes de México y todos quienes puedan venir
del extranjero ver esa maravilla de Veracruz, maravilla de donde han
salido la mayor parte de las magníficas esculturas totonacas que integran
colecciones célebres”, y señalaba, con evidente dolor:
“Se despojó al Tajín de sus obras maestras, fueron espoliadas, llevadas
a posesiones de particulares, a posesión de museos. Es lamentable, pero
no importa, cada obra espoliada, cada obra quitada de su lugar ha ido
por el mundo entero a decir que el arte de Veracruz es uno de los artes
más admirables, más fuertes y más puros producidos por la humanidad”.
Más adelante, Rivera planteaba que, certeramente, Gutierre Tibón había
señalado que el antiguo arte mexicano había aportado a la cultura general,
un emotivo homenaje a la sonrisa. Y agregaba el autor de “El hombre,
controlador del universo”, que “efectivamente, entre toda la escultura,
entre toda la pintura, de todo el arte de maravilla, arte de México
antiguo, Veracruz aportó la sonrisa, la sonrisa de sus cabezas de niñas,
de sus cabezas de bellas mujeres y de ancianas, el arte totonaca tiene
la rara cualidad de aunar el realismo más vivaz con el estilo más puro”.
Sobre Jeffrey Wilkerson, el también periodista Mario Román, informó
que es antropólogo e historiador del arte, con una formación profesional
impresionante. Ha estudiado en universidades de gran prestigio y, desde
l965 ha escrito una gran cantidad de artículos y libros, tanto para
especialistas como para el público en general. Tiene más de cien publicaciones
sobre una amplísima gama de temas que van desde la arqueología hasta
la geografía, la etnohistoria, la arquitectura, historia del arte, botánica,
impactos ambientales, desastres naturales y las fascinantes características
de los bosques tropicales.
Este hombre de ciencias, al publicar en medios tan importantes como
Nacional Geographic Magazine, ha podido promover eficazmente a Veracruz
y a México a nivel internacional. Ha dictado conferencias en diversas
partes del mundo y ha participado en la organización de numerosas exhibiciones
del arte antiguo de México; por citar un caso, relevante por otra parte,
escribió el catálogo sobre El Tajín y Veracruz para la exhibición del
Museo Metropolitano de Nueva York; México, Esplendores de Treinta Siglos.
Sus proyectos científicos han sido apoyados por instituciones de fama
internacional como la Nacional Geographic Society, la Nacional Science
Foundation, la Ford Foundation, la National Endowment for the Arts,
entre otras. Sus interesantes y trascendentes investigaciones han aportado
valiosos conocimientos e informaciones sobre la ecología, la historia,
la arqueología y la cultura de las sociedades antiguas y modernas en
el trópico.
Desde mediados de los años sesenta, Wilkerson ha investigado El Tajín
y a los pobladores antiguos de esta región.
Muchas de las mejores páginas de divulgación sobre el arte y la cultura
de los pueblos de la costa del Golfo de México se deben a él. Sus descubrimientos
arqueológicos, sus hallazgos etnográficos, sus datos precisos sobre
la agricultura primigenias de estas feraces tierras, sus elocuentes
explicaciones sobre la cosmogonía de los constructores de El Tajín y
sus empeñosos esfuerzos por dar a conocer la grandeza de nuestro sitio
arqueológico, son aportes invaluables para nuestra mejor comprensión
de esta vital temática.
Wilkerson, presente en la conferencia citada, tomó la palabra para agradecer
las opiniones de Mario Román, y aseguró que “uno no es de donde nace,
sino de donde se queda su corazón”, en referencia a su cariño y admiración
por esta región de Veracruz. Y agregó que mucho debemos de aprender
de la historia de las antiguas civilizaciones del trópico veracruzano,
de su respeto por la naturaleza y de su creatividad artística y económica.
(20/marzo/06)
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