LAS RAICES DE MI PIEL
Mis ojos se humedecen y se empañan, mil pensamientos cubiertos de intensa
bruma me golpean al alba, estoy sedienta entre paredes que ahogan el latido
palpitante de mi corazón, escucho las suaves gotas que mojan y cubren
uniforme césped y pavimento, el movimiento matutino penetra en mi cerebro
ahuyentando el agónico reclamo de mis recuerdos.
Mi cuerpo reposa inerte, soy un náufrago mirando al horizonte de lo profundo,
con la calma y certidumbre que el impasible tiempo me otorgó; me lastima
la verdad de la distancia, el lapso intenso de este recorrido, la promesa incumplida...
la inmensidad de este silencio.
En mis alboradas de lamento te busco y te comprendo, tu cuerpo con mis manos,
es mi cuerpo, en el colmo de mi caricia, tu boca viene a mi encuentro; tu espectro
me responde ardiente y me tolera, me embriagas... te hago eterno, nada importa
todo el tiempo transcurrido, arranco tu pasado, eres solo viento en vaivén
que se mueve suave y lento, colándose a las raíces de mi piel.
Me siento en el extremo del vagón que lleva al fin del mundo, voy hasta
la noche de la despedida, a los días del paraíso reverberante
de palabras, de calles y callejones, mudos testigos cómplices de
amor con prisa en la cálida estación de tu verano.
Despierto y me sorprendo, ¡Tu cuerpo, en otro cuerpo, no es mi cuerpo!,
una puerta se abrió y se cerró tras de la otra, el sol llegó
abrazante, las estrellas se fugaron y el templo perdido de nuestros sueños
se quedó en cimientos... Me ciño a tu recuerdo, pero la desesperanza
florece en mi pasión dormida, amenazada por el monstruo de las leguas
cargado de cadenas, sonando a muerte, oliendo ha ausencia.
Cada noche es una profecía atada de recuerdos que echaron raíces
profundas, ¡que quisiera arrancarme! pero que despiertan cada alborada...
cuando la noche termina me incorporo, me veo al espejo y no reconozco mi rostro
ausente... me observo incompleta, abandonada en un retablo de pequeños
cuartos, de frases tempranas, de caricias ligeras, lugares donde seguiré
sentenciada viviendo presa nuevamente en el caos del amor y la pasión.
melina morquecho