“No habrá en la Industria Eléctrica ni Merinos
ni ladrones”. “Así la máxima autoridad del país exhibía
al superintendente de Petróleos Mexicanos, distrito 055 de Poza
Rica, Jaime Jerónimo Merino de la Peña, a quien Petróleos
Mexicanos expulsó ignominiosamente de la empresa, acusándolo
de malos manejos, a pesar de la costosa campaña con que Merino quiso
defenderse. Después de ese severo juicio el presidente recobró
la serenidad y concluyó su discurso”.
Era 24 de noviembre de 1960 “el presidente de la república
Adolfo López Mateos ante la Confederación de Cámaras
Industriales, La Confederación de Cámaras Nacionales de
Comercio y la Confederación Patronal de la República Mexicana
dijo lo anterior mientras se defendía de aquellos que nombraron
a su gabinete “izquierda dentro de la constitución”. Aquellos que
le habían venido criticando por considerar la nacionalización
de la Energía Eléctrica y le recordaron la huelga ferrocarrilera,
de pilotos y telefonistas, recibieron esas palabras que son una nota de
ocho columnas, primera plana en todos los periódicos del país.
Decía el escritor paraguayo, Horacio Quiroga “que en
última instancia cada trozo de tierra ocupado por un hombre de
bien es nuestra patria”. Los hechos ocurridos el 6 de octubre de 1958 en
Poza Rica donde los actores eran los trabajadores petroleros y el pueblo,
este a su vez estaba formado por el mismo que intentaba defenderlo, al propio
Merino que el presidente de la república distinguió como criminal,
aquí aún sigue dividida esa opinión casi 50 años
después.
Hay que tomar en cuenta que tanto Manuel Ávila Camacho, Miguel
Alemán Valdez y Adolfo Ruiz Cortines toleraron los cacicazgos locales,
en los que se fundaba el sistema político mexicano. En esa época
se mencionaban con mucha frecuencia los cacicazgos de Gonzalo N. Santos,
de San Luis Potosí y Leobardo Reynoso, de Zacatecas menciona en sus
datos Ubaldo Álvarez Melchor, periodista de la ciudad.
La historia quedó plasmada para las futuras generaciones,
sin embargo aún hay trabajadores sindicales que tienen que “pedir
permiso” a sus líderes para poder hablar. Distinguido por los hechos
ocurridos aquella tarde del 6 de octubre de 1958, Merino seguirá
siendo responsabilizado por actos que provocaron la matanza de “cientos
de personas”, pero a decir de otras “pero eso no fue tan cierto”.
Entre otras cosas, Leonardo Zaleta ha dicho que el Ejército
acordonó toda la zona comprendida entre la escuela María
Enriqueta y el centro de la ciudad “para proteger que hicieran la limpieza
aquel día, en que todos fuimos testigos, yo estaba en la preparatoria”.
Ocurrió después de las elecciones a Presidente Municipal.
SITUACIÓN NACIONAL
A mediados de los 50’s, se formó el PARM en tanto el
Partido Revolucionario Institucional, estaba en plena “Autocrítica”
inesperadamente para unos e injustamente para otros, “pues faltó
a uno de los principios básicos de la política nacional:
El de ventilar en público las fallas y errores del sistema” según
Rodolfo González Guevara, presidente del comité regional
en el Distrito Federal habló fuerte ante la asamblea de 1955 y
dijo que a partir de la experiencia de las últimas elecciones a
diputados en que el PAN, se colocaba como fuerza política real pero
“no por serlo realmente sino a consecuencia de las deficiencias del PRI”.
La claudicación de principios de la revolución
comenzó a mermar las fuerzas y a dividir al partido con sus consecuencias.
La formación de la Coalición Nacional Revolucionaria se hizo
presente aquí con la formación del Partido Demócrata
Pozarricense que reunió fuerza popular al hacer una coalición
de fuerza con “Los Goyos” que era el grupo de Gregorio L. González”
y otras fuerzas populares en contra del caciquismo de Merino. “Se decía
que las ordenes venían de dentro” refiriéndose a dentro del
campo de Pemex, dice Ángel Meseguer, hijo de Víctor Meseguer
uno de los líderes “un grupo de gente defendía la democracia
y lucharon contra el PRI pero se suponía que dentro del mismo partido”.
Se enfrentaron en las elecciones pero se usaron todo tipo de fraudes, “el
ratón loco” que era decirle a los votantes empadronados que estaban
anotados en otra colonia, “el carrusel”, y en aquella que en otra; se
robaron urnas, se omitieron empadronados, en fin…
Hay una tradición oral que habla de una era de terror.
Se dice que quienes se oponían al cacicazgo o a los líderes
sindicales eran arrojados vivos a las calderas de las instalaciones
de la refinería y los que en alguna asamblea se inconformaban, al
día siguiente salían de su casa rumbo al trabajo, ero ya
no regresaban jamás. Pero el maestro Edmundo Cárdenas Álvarez
dijo que eso no sucedió de esa forma. Asegura que hay personas que
quieren enrarecer la memoria de aquel superintendente.
PROHIBIDO ENTERRAR MUERTOS QUE NO VIVAN AQUÍ
Cárdenas era trabajador de Petróleos Mexicanos
en el Campo 2, donde estaban las Calderas y dice que a las 10 de la noche
aproximadamente llegó el profesor Capitanachi con un grupo de “tercos
porque habían matado a mucha gente”, eran personas que quisieron
preguntar por los cadáveres y pedir el paso a las calderas para
ver donde los estaban quemando. “Los dejé pasar y les dije que revisaran
pero no llegaron ni a 20 metros, en esa área el calor es insoportable”.
También era periodista de “La Opinión” y como tal fue testigo
de los hechos “cayó muerto un niño y una señora que
se cayó de un camión nada más”, aseguró.
En el panteón municipal de la Santísima Trinidad, el periodista
Helio del Mar propuso que nadie comprara ya el periódico "La
Opinión" y miles de gentes levantaron la mano, pero al parecer el
pueblo de Poza Rica no tiene memoria histórica. En tanto, se sabe
que al día siguiente de las elecciones, en el edificio del Sindicato
y el Audicine había personal armado, pistoleros conocidos estaban en
las oficinas y azotea de los edificios y que abrieron fuego contra el pueblo
que marchaba pacíficamente “armado solamente con su indignación”,
dijo Zaleta, “con metralletas y otras armas de fuego”.
El candidato del PRI fue Manuel Salas Castelán;
el del pueblo (Coalición Nacional Revolucionaria y Partido Demócrata
Pozarricense) fue el doctor Fausto Dávila Solís. Ese domingo
se cometió un mega fraude electoral, Dávila candidato no
registrado obviamente no podía acumular votación alguna. El
6 de octubre por la tarde se efectuó una manifestación que
pasó frente al edificio de la Sección 30, atrás
de lo que actualmente es Correos y Telégrafos. Cuando acababa de
pasar la gente y la mayor parte se encontraba ya en el parque Juárez
ya eran las siete y entonces se apagó el Alumbrado público
y desde el antiguo auditorio de la Sección 30 empezaron a disparar.
En el lugar quedaron los cuerpos de Consuelo Marroquín Gayosso,
Eleuterio Ugalde y Mario Trejo Candia (éste estaba sentado en una banca,
leyendo un periódico). Los individuos que dispararon, entre otros, fueron
los siguientes: Leonardo Vázquez, alias “El Pinolillo”, Heriberto
Fierro, alias “El Cejas”, Roberto Rodríguez, alias “El
Cuatrero”, Ignacio Neri Soberanes, “El Cubeta”,
Leonides Barra García, hermano de Félix, el que fue Secretario
de la Reforma Agraria y presidenciable durante el sexenio de Luis Echeverría.
También arrojó bombas molotov José Luis Carmona Sobrerilla,
quien después fue diputado local por el distrito de Papantla. Muchos
años después se arrepintió y militó en el PST y
en el PRD.
Hubo en otras fechas y otros lugares otros muertos, entre ellos el periodista
Alberto J. Altamirano, asesinado en la calle Guadalupe Victoria de la colonia
27 de septiembre, cuando acababa de salir de sus labores en el periódico
EL DIARIO. Por ese crimen purgó condena en el reclusorio de Túxpam
el petrolero Nicolás Tello González. Otra versión indica
que todo comenzó cuando de la fila de manifestantes, alguien aventó
una piedra y rompió un vidrio, eso fue el detonante de lo que siguió
“cayó muerta Consuelo Marroquín Gayosso (entre las
más famosas) y otras personas, pero estaban rodeados. La matanza continuaba
y comenzaron las persecuciones”.
“Luego fueron a recoger a los caídos en camiones de redilas,
unos fueron quemados en calderas de Pemex, otros en las calderas del Hospital,
otros fueron tirados en la carretera a México por Agua Fría,
incluso hicieron entierros en la congregación de Suchil, Municipio
de Agua Fría, Puebla, eso fue muy notorio porque todo el pueblo
los vio. Todavía días después seguían haciéndolo.
El agente municipal al ver que iban sin pedir permiso ni decir nada los
trabajadores de Pemex a enterrar muertos, colocó un letrero que
decía “Prohibido enterrar muertos que no vivan aquí”, narra
el maestro Zaleta, “eso es conocidísimo y público”.
“PICO CHULO”
En tanto, Ángel Meseguer dijo que fue un enfrentamiento,
“en aquella época cualquier pelao cargaba pistola” aunque aceptó
que estando atrincherados los pistoleros
tenían mayor ventaja y que él era muy joven cuando todo
pasó. Vivió en carne propia las represalias que siguieron
después, “mi padre estaba aquí donde la imprenta estaba el
periódico y junto con otros lo dirigía. Víctor Meseguer
Gramatges, periodista, director La Tarde, hermano de José Antonio
Meseguer Gramatges, fundador y director de El Diario, sus familiares directos.
“Había Guardias Blancas de Pemex que se dedicaban a cuidar
y vigilar a los que resultaban peligrosos para la empresa que cuidaban
y después los asesinaban como al periodista Ignacio L. Altamirano
del que se dijo “la orden vino de adentro del Campo”.
A un lado del periódico se encontraba el hotel “Aurora”,
ahí estaba el teléfono, muchas veces venía alguien
a avisar que le hablaban y entonces salía, y lo secuestraban y lo
iban a botar por Pachuca para alejarlo de aquí. Pero era insistente
a los dos o tres días volvía para acá a seguir trabajando”.
“Merino era un hombre como se decía en aquella época
“de horca y cuchillo”, frase que salió de “pelada” y dejó
sus cosas con gente de confianza como el colegio Motolinía, el periódico
la Opinión que heredó después gente poderosa. Ranchos,
la concesionaria Ford, “Las Balsas” porque “lo querían peinar de
rayita en medio”.
Como para calmar los ánimos y ya no siguiera el movimiento
Merino salió del país pero “yo siento que el Procurador
de Justicia andaba tras sus huesos, era Fernando López Arias “el
pico chulo” que se volvió famoso por su frase “no toleraremos nada
chueco”, pues padecía un problema en la boca, tiempo después
fue gobernador del estado de Veracruz. en tanto, agarró a los líderes
del movimiento aquí y los sacó de la cárcel y se lo
llevó a México dizque para interrogarlos”. “Los liberó
prácticamente entre seis y ocho meses después”. “Mi papá
ya no volvió a la cárcel ni hubo juicio”.
“A Merino le quisieron fincar responsabilidades pero como era
cuñado de Nixon… cesaron después las persecuciones pero
las investigaciones nunca se llevaron a fondo”. “Yo estoy de acuerdo en
que no debe haber impunidad”, concluyó.
En tanto tomó posesión Manuel Salas Castelán, la
indignación popular crecía hasta que finalmente fue separado del
cargo y los poderes suprimidos para la formación de un Consejo Municipal
que dirigía Luis Vázquez O’Farril para posteriormente convocar
a nuevas elecciones a presidente Municipal de Poza Rica. ( Con información
de Ubaldo Alvarez Melchor).
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