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"POR FAVOR: DOY LA QUEJA, EN SEPTIEMBRE ME QUITARON TODO"
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-"Marimar", anciana abandonada de Papantla
a sus 80 años todavía espera irse a trabajar
-Pide a la comunidad que la ayuden a localizar a sus hermanos Pedro, Juan
y Librado de la Cruz
Por Livia Díaz
Una mujer Totonaca de Talashca, que está por cumplir 80 años, fue despojada de todos sus bienes y pertenencias en Papantla por su hija, y echada a la calle. Dice que hace casi dos años comenzó a perder todo. Con apoyo y ayuda de la parroquia del Sagrado Corazón, María de la Cruz, "Marimar" como le dicen de cariño, ha logrado sobrevivir a la miseria y las enfermedades hasta este momento.
Visiblemente delgada y débil -apenas se sostiene de pie- Marimar, que no tiene dientes, y se esfuerza mucho para formar frases breves. Dijo que llegó al terreno donde tenía su casa cuando aún vivía su madre. "Al morirse mi papá yo apenas podía contar lumbre". Era chiquita y me quedaba sola, "con ocho años. Mi mamá ponía una olla con fríjol, tortillas y bolillo. Se iba a Papantla para trabajar". Pero parece que toda su vida cambió después. María fue creciendo. Tuvo otros ocho hermanos, pero solo viven cuatro, contándola a ella: Juan, Pedro y Librado, quienes tiene esperanzas, que sepan que está sola y que los necesita. Dijo que se fueron a México pero no sabe más datos.
Marimar estaba intrigada por mi libreta de apuntes. Mientras iba escribiendo, comenzó a dictarme: "Estaba tan triste cuando murió mi papá. Mi maá a punto de terminar" -dijo haciendo un ademán con la mano que indicaba el embarazo de su mamá. Al tiempo de decirlo, se ahogaba con llanto, y se esforzaba por platicar. Cambiando de tema dijo: "Por favor. Doy la queja. De dos años en septiembre pasado me sacaron todo".
-¿De dónde eres María? -Ella contestó sonriente y me hizo la seña de que me acercara. Puso una mano en su oído como si no escuchara y repetí: ¿De dónde eres? -¡AH! -Dijo encantada: ¡Adivina! -Yo le dije muchas partes del país y ciudades mientras ella se cambiaba de fierros -estaba sostenida en la protección de barrotes en una ventana de la habitación donde duerme- y se mecía contenta. Finalmente le volví a preguntar y me dijo: "¡De la tierra de Dios! -Yo me rendí y me confesé ignorante, y luego le pregunté haciéndome la tonta: ¿y esa tierra donde está? -¡Pues es Papantla! - me dijo muy alegre y sabia. "Yo soy nacida de Talashca, cerca del "Escolín".
El lugar propiamente está ubicado en el corazón de la sierra Totonaca. Mientras Marimar se agarraba de los fierros del ventanal para sostenerse, continuó: "quiero curarme para irme a trabajar" - ¿En qué trabajas María? -le pregunté. -Ah, lavando. -Dijo enseñándome sus manos. -"Tienen muchos reumas. Pero luego quedé tronchada cuando me tiraron -dijo sobándose la cadera- y vendía yerbabuena, flores, albahaca y epazote. Así en las calles. En las calles. Antes llegué. Quisiera yo iniciar"... -María nuevamente llora. Recuerdos van y vienen- "Mi tía me dijo hagan la casa ahí. Estaban los terrenos en los llanos ahí todo grande". -En ese momento de la entrevista pasaron unas personas. María estaba muy enojada. "Esos fueron que me quitaron una ropa y un dinero". -¿Qué dinero? ¿Cuándo? ¿Cómo? -Y cual si yo lo hubiese visto todo, Marimar me dijo: "¡Ese dinero que me regalaron!". -Dígaselo al párroco. -Le aconsejé. "No." - Me contestó. - "Entonces aguántate -le dije- "A lo mejor viste mal, o estás pensando mal de esas personas. Regálaselo". -Aunque no le pareció buena idea, se quedó más tranquila.
En eso asomó una mujer de la parroquia y cambiamos el tema. Maria de la Cruz, viste pobremente, con ropa que dice "que le regalaron unas gentes que vinieron de México". Bajé la vista y me encontré con sus pies, metidos en unas sandalias muy sencillas, donde miré sus uñas largas y ya rizadas, lastimándole los dedos. -Mujer - le dije - mira como están tus pies ¿no te arreglaron tus pies? -Ella fingía -me dijo casi al oído para que no lo escuche la que estaba mirando- "si no me dejan esos corta uñas".
La plática con María era muy amena, a pesar de que cada palabra parecía
arrancársela de las entrañas, y entre sonrisas retornaba el llanto. Su
cara arrugada y blanca es expresiva, iba cambiando de tema, como buscándolos
con sus ojos -quizá fueron azules, ahora son grises y tienen carnosidades.-
Alaciándose el cabello largo y blanquinegro observé su cabeza. Tiene unas
facciones peculiares: lisa la frente y el cráneo achatado en la parte
de la nuca. Tuve curiosidad de eso. Pareciera que ha perdido tanto peso
que en algunas partes de su cuerpo le cuelga demasiada piel y se abulta.
Entre una y otra palabra, se mecía buscando apoyo y cuando soltaba los
fierros, perdía el equilibrio. Dijo que "ella se casó con hombres". Que
su "hija me echó". Y decidió "ya que me vi perdido" irse. "Pues yo dije
que sí. Pero quería irme a México o a Guanajuato, o algo". Y después volviendo
el ojo a la libreta, apuntó con el dedo, y me dijo extendiendo los brazos
en ademán de mostrar digamos, un letrero: "Por favor. Doy la queja. En
dos años en septiembre me quitaron todo".
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