Por Luis Alberto Palacios Martínez Aunque soy un pobre diablo El cómo interroguemos a la realidad, ir de lo superficial a lo esencial o quedarnos en la superficie es resultado de dos formas de concebir al mundo, al hombre, a la sociedad y, desde luego, a la educación. Aquí los educadores nos separamos en dos grandes partidos; los que luchamos, intentamos, la liberación, la humanización, la transformación hacia una sociedad justa, igualitaria, sin explotación y que al mismo tiempo sin caer en el idealismo (corriente filosófica) entendemos que la educación debe cambiar al mismo tiempo que se transformen las condiciones de vida concreta de los oprimidos, es decir, con cambios en la sociedad toda y por ello entendemos que la respuesta a los problemas educativos no es la sustitución de métodos o técnicas, ni la inclusión acrítica de la tecnología en el ámbito educativo sino una respuesta política pedagógica esencialmente humanizadora y transformadora. La educación se desarrolla en un marco jurídico burgués, guiada por una política educativa del mismo carácter con un sustrato positivista y fuertes resabios de educación medieval; aquí se encuentran los otros educadores, los que por ignorancia supina o por oscura convicción, tal vez con la callada esperanza de que algún día ellos sean beneficiados, gracias a sus "méritos", por el sistema, son parte del control social. La ciencia en general sirve para la transformación de la sociedad o para el control social. El desarrollo de la ciencia en general y de las ciencias sociales, en particular, están impregnadas, en última instancia, por esta lucha. La pedagogía crítica entendida como praxis educativa tiene sus raíces profundas en el paradigma dialéctico-crítico cuya superioridad cualitativa para conocer profundamente la realidad educativa gira en torno a cuatro ejes: la concepción ontológica que entiende a la educación como una totalidad concreta, orgánica, en constante devenir, postura ontológica superior a aquella que pretende la realidad educativa como algo estático o como movimiento mecánico, meramente externo; la concepción gnoseológica que implica la vinculación de hombre con el mundo a través de su pensamiento, el educador se apropia de la realidad educativa con su función cognitiva y el sujeto opera de acuerdo a los referentes que pueden ser por los menos de cuatro tipos: el empírico, el religioso, el artístico y el teórico, acepta, pues, cuatro formas de apropiarse cognitivamente el mundo a diferencia del positivismo que sólo acepta la comprobación empírica como conocimiento; en cuanto a la concepción epistemológica exige una mentalidad abierta a múltiples formas de teorizar, esto se explica si se entiende la realidad como algo cambiante y múltiplemente determinado, donde, se viaja de lo concreto a lo abstracto y de nuevo a lo concreto, pero, en un nivel superior cualitativamente, formando una espiral infinita, en continuo desarrollo; la concepción teleológica es entendida en un doble nivel, por un lado como potenciación en el presente de fuerzas existentes percibidas, pero, que no han alcanzado la madurez en su desarrollo para manifestarse, y , por otro lado, como fuerzas que no existen pero hay condiciones para crearlas intencionalmente. En suma se educa para transformar, y agrego, con contenido ético. Así la pedagogía crítica parte de un contexto concreto en el que se crea y construye la formación e información, la educación no se da en un vacío social y neutro valorativamente. La educación en nuestro país se da entre múltiples desigualdades, guiada por intereses espurios. El pedagogo crítico debe hacer reflexionar a los educandos en el porqué de tales contradicciones. Los educadores deben comprometerse con la lucha en contra de la deshumanización que representa el capitalismo voraz y salvaje por medio de distintos aparatos ideológicos, la escuela entre ellos. Educar consiste, esencialmente, en exponer las contradicciones reales y esenciales y no un largo recorrido por la superficie. Educar es enseñar el mundo real con todas las injusticias y regido por la explotación del hombre por el hombre en contraposición contra el mundo de apariencias donde, según dicen algunos pelmazos, todo es maravilloso.
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