Por Mario Román del Valle
La historia crítica, es decir, la historia profunda y analítica
de Poza Rica aún está por escribirse o bien recién se va
escribiendo. Y en ese sentido, nuestra flamante y prometedora ventana
cibernáutica desea compartir con todos los aventureros navegantes, un
espacio para conocer sobre la agitada, controvertida y apasionante historia
de nuestro patrio y localísimo solar.
Y deseamos publicar la reconstrucción historiográfica
de varias etapas y de diversos aspectos poco difundidos de nuestra microhistoria.
Tal es el caso de las luchas democráticas y libertarias de quienes
lucharon contra la corrupción y la represión que desarrollaron
los dirigentes oficialistas del llamado cacicazgo merinista. Y, tal vez,
el momento culminante de dicha lucha social, se vivió hace 43 años,
el 6 de octubre de 1958, cuando fueron asesinados un número indeterminado
de ciudadanos pozarricenses en pleno parque Juárez, en el cruento suceso
conocido como La matanza de los Goyos.
La matanza de los Goyos en Poza Rica
A la memoria de mi querido amigo
Don Teodoro Tapia Martínez
Poza Rica, Ver. Hace 43 años esta ciudad petrolera
se cubrió de luto debido a que las aspiraciones democráticas del
pueblo pozarricence se vieron frenadas por una sangrienta y brutal represión
del grupo caciquil local que encabezaban el directivo regional de Petróleos
Mexicanos, el Ing. Jaime J. Merino, y el líder sindical Pedro Vivanco.
La tarde del 6 de octubre de 1958 carios miles de pozarricenses
habían salido a las calles de la ciudad para protestar en contra de un
descarado (uno de tantos) fraude electoral, por medio del cual Merino y su camarilla
intentaban imponer a un oscuro personaje como presidente municipal. Casi
cuando estaba por concluir la marcha de inconformidad, a un costado del edificio
de la sección 30 del sindicato petrolero, un grupo de pistoleros
del clan merinista atacó arteramente a los manifestantes, disparándoles
con pistolas y ametralladoras.
En la calle quedaron tirados carios muertos y decenas de
heridos. El saldo real de este hecho sangriento a la fecha no se conoce.
Y aún se discute mucho sobre la cifra exacta de los fallecidos en aquella
ocasión. Empero, algunas crónicas periodísticas de
la época calculaban que eran “cuando menos 20 las personas que
murieron como consecuencias de la terrible balacera” (“Diario
de Xalapa”, 9 de octubre de 1958, p.1)
El cacicazgo merinista
Aprovechando la enorme riqueza del más importante
campo petrolero del País, y desde las oficinas de la Superintendencia
de PEMEX, Merino maniobró hábil y
astutamente para estructurar una vasta red de poder político y económico
que le permitió dominar ampliamente en toda la región.
El tráfico de plazas de la industria petrolera, la
venta descarada de concesiones para las obras de PEMEX, la exacción de
onerosos e ilegales impuestos para obras públicas que resultaban siempre
grandes negocios para la camarilla merinista y el control toral de la economía
regional a costa de actos ilegales, amenazas y violencias, fueron factores que
permitieron a Merino amasar una enorme fortuna particular.
Una revista de aquellos años, Protesta, hacia mención
de las maniobras económicas que realizaba el ingeniero jalisciense:
“ Por ejemplo, si se es superintendente de PEMEX, y a la vez vendedor
de coches, usted puede dar de baja los vehículos que aún se hallan
en buen estado, para adquirir nuevos. Como superintendente vende a la
agencia a precios de chatarra, como vendedor de coches vende a PEMEX a elevado
precio”.
“¿Y los contratos? PEMEX encarga muchas obras a contratistas particulares:
carreteras, construcción de puentes, instalación de plantas, etc,
etc. Si usted es superintendente puede convertirse en contratista, utilizando
para eso un hombre de paja, y despacharse con la cuchara grande. O puede
dar los contratos a su compadre”
(Revista “Protesta”, No. 1, México DF. p. 6)
Una minuciosa investigación periodística, llevada
a cabo por Antonio Caram, reveló que la riqueza de Merino era fantástica.
Se calculaba que algunas de sus propiedades valían más de cien
millones de los pesos de aquella época. Y concluía Caram:
“Merino tiene veinte años de vivir en Poza Rica. Vamos a
suponer que en esos veinte años ganó un sueldo de 7 mil pesos
mensuales y supongamos también que ahorró íntegro su sueldo.
Merino debía tener actualmente (1958), un millón seiscientos ochenta
mil pesos”.
El poder caciquil de Merino se extendió a la vida
sindical de la Sección 30 en donde tuvo como aliado a Pedro Vivanco.
La influencia merinista fue tal que le permitió designar a presidentes
municipales y diputados de la región. Eso llevó en una ocasión
a que comentara el entonces gobernador veracruzano Antonio M. Quirasco que a
él le gustaría gobernar en Poza Rica.
El cacicazgo merinista buscaba lograr un pleno control político
mediante el cohecho y la corrupción, pero cuando estos métodos
fallaban, entonces se recurría a la represión violenta, la cual
iba desde amenazas y golpizas hasta desaparición y el asesinato.
A falta de espacio no podemos detenernos para documentar algunos de estos asesinatos
políticos, pero si podemos citar los nombres de dos trabajadores petroleros
que murieron en circunstancias sospechosas, nos referimos a Alberto Luna y Francisco
Neri.
La matanza
Muchos sectores populares de Poza Rica, coincidieron en la
necesidad de terminar con los abundantísimos abusos de cacique.
En el otoño de 1958 formaron los opositores un frente electoral para
las elecciones municipales, postulando para alcalde al prestigiado doctor Fausto
Dávila Solís. Podemos afirmar que el Dr. Dávila encabezó
a toda una amplia coalición opositora al merinismo, entre quienes sobresalían
los petroleros disidentes (“Los Goyos”), un significativo grupo
de maestros, elementos de la clase media y amplios segmentos de los sectores
sociales más empobrecidos de la pujante urbe petrolera.
La campaña política de los davilistas fue todo
un éxito; lograron organizar mítines multitudinarios que hacían
suponer un claro y contundente triunfo de la oposición en las elecciones
del domingo 5 de octubre.
Sin embargo, el grupo merinista no estaba dispuesto a ceder
su lucrativo poder local. Durante la jornada electoral realizaron un gran
número de atropellos; el ejército patrullaba amenazador las calles,
los pistoleros merinistas dispersaban y correteaban a los ciudadanos, las casillas
estaban “embarazadas” desde antes de la votación, los representantes
davilistas eran expulsados a culatazos de las mesas de votación.
El insolente fraude electoral provocó un gran enojo
popular. La misma noche del domingo 5 hubo un mitin de protesta que congregó
a 10 mil pozarricenses.
El día siguiente, el lunes 6 de octubre de 1958, los
seguidores del doctor Dávila organizaron una marcha mitin que recorrió
las calles principales de la ciudad. Esta vez 20 mil manifestantes protestaban
airados, pero pacíficamente; una crónica periodística de
la época recuerda lo que pasó después:
“Cuando éstos (los manifestantes) llegaron al parque de la Sección
30, frente al edificio, los agentes de Merino los provocaron. Empero,
no pasó de ahí la cosa y el grueso de la columna enfiló
hacia la avenida Ruiz Cortines, pero cuando la retaguardia de la manifestación
empezaba a alejarse, les tiraron bombas de gas lacrimógeno y sonaron
los primeros disparos, que se confundían con el tableteo de las ametralladoras”
(Revista “Protesta”, No. 1, reportaje Antonio Caram, “Vida,
milagros y tropelías de J. Merino, pp. 6 y 7)
Efectivamente, varios trabajos periodísticos y testimonios
de testigos presenciales de los hechos, que hemos podido recoger, coinciden
en señalar claramente que los pistoleros de Merino, contando con un verdadero
arsenal, actuaron concertadamente para agredir violentamente a los manifestantes.
Al concluir la balacera de inmediato se conformó un
cerco militar con elementos del Séptimo Batallón de Infantería.
Y aunque los manifestantes regresaron al sitio de la tragedia unos minutos después
para recoger los cuerpos de 5 ciudadanos muertos y varias docenas de heridos
(uno de los cuales, e niño Antonio López de apenas 3 años
de edad, que falleció unos días después), se ha asegurado
que otros cadáveres fueron recogidos y desaparecidos por parte de los
merinistas.
Aunque no se ha podido cuantificar con exactitud la cifra
de muertos de este hecho sangriento y doloroso para Poza Rica, si sabemos que
al menos 24 personas regresaron a nuestra región, si en realidad
huyeron de Poza Rica, o si fueron arrojadas a las calderas de PEMEX, incineradas
en los hornos del hospital de la paraestatal, o enterradas clandestinamente
en El Zuchil en algún otro paraje.
Para vergüenza del grupo caciquil queda el testimonio
de valientes y honestos pozarricenses que siempre supieron luchar por mayor
libertad pública y por actuar
con la verdad, tal como fue el caso de Don Teodoro Tapia Martínez que
una vez nos dijo:
“Muchos muertos aparecieron, pero muchos. Aquí en Poza Rica
vive todavía un doctor, el doctor Cubas, que era médico legista...;
recuerdo la ocasión en que fueron a tirar unos muertos por ahí,
por la colonia Halliburton. El doctor Cubas los fue a examinar, y el señor
perdió la noción de la anatomía, dijo que eran cadáveres
de perros rabiosos. Como premio por lo que dijo, le hicieron una casa”.
De cualquier forma, la represión sangrienta fue un
hecho lamentable e inocultable que, podemos decirlo a la distancia temporal,
conmovió a muchos sectores del País. Y si el odioso cacicazgo
de Merino es una página negra en la historia de Poza Rica, la inquebrantable
voluntad de lucha de muchos pozarricenses demócratas debe ser motivo
de legítimo orgullo, pues con todo en contra, sabiendo que la vida les
podría ir en ello, estos paisanos nuestros continuaron valientemente
en la brega política y libertaria. En las semanas siguientes realizaron
manifestaciones luctuosas, llevaron a cabo plantones, huelgas de hambre, reuniones
informativas con periodistas de la capital del País, con la diputada
Macrina Rabadán, y hasta llegaron a secuestrar durante varias horas al
gobernador Quirasco. Todo ello en busca de justicia.
Un año después, Merino tendría que salir
de Poza Rica y del País. Siendo acusado de un cuantioso fraude
en contra de Petróleos Mexicanos. Sin embargo, varios dirigentes
democráticos pozarricenses siguieron siendo amenazados, y algunos de
ellos desterrados y encarcelados. Con sus vidas y con su libertad, tuvieron
que pagar un alto costo humano por proporcionar su valioso grano de arena en
la construcción de un México más libre, más justo
y más democrático.
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