LA GUERRA SUCIA EN POZA RICA
Por Mario Román del Valle
PARTE I
Desde hace tiempo la sociedad mexicana viene discutiendo
y analizando el grave caso de la llamada guerra sucia, que el régimen
priísta desarrolló en contra de los grupos políticos
opositores, durante las décadas de los años sesenta y setenta.
Pues bien, la relación de atropellos, represiones,
desapariciones y asesinatos políticos, se ha ampliado, dándose
a conocer mayores detalles de los mismos, y ello sigue llenando de indignación
a la gente conciente de éste País y el asunto (por lo mismo),
no puede ni se debe olvidar.
Recientemente, con la apertura a la consulta política
de los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SDN) y del
Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), se espera que
se revelen, con mayor claridad, muchas acciones represivas que el Estado mexicano
ejerció, muy injustamente, en contra de grupos y personajes que exigían
mayores libertades políticas, democratización de la sociedad
mexicana y verdadera justicia para todos. Investigadores connotados
como Sergio Aguayo y Enrique Semo, opinan que dicha apertura es un paso importante
para comprender la verdad histórica de aquellos tristes sucesos del
pasado nacional.
Y efectivamente, esperamos que los documentos que dejaron
los espías, esbirros y burócratas de alto nivel de la policía
política que operaban en la siniestra Dirección Federal de Seguridad
(que estuvo al mando muchos años de Fernando Gutiérrez Barrios),
sean factores importantes para arrojar mayor luz sobre acontecimientos traumáticos
y movilizaciones sociales como las que verificaron los ferrocarrileros (1948);
los trabajadores petroleros (1958), el movimiento médico nacional
(1964); los estudiantes de Morelia, Michoacán (1966); la izquierda
mexicana (trotskistas, espartacos, juventud comunista, etc.), a mediados
de los sesenta; el masivo y vital movimiento estudiantil de 1968; la matanza
del jueves de Corpus, en 1971, las guerrillas rurales de Genaro Vázquez
Rojas y Lucio Cabañas Barrientos; y la guerrilla urbana de la liga
comunista 23 de septiembre; entre otros.
A estos hechos históricos de carácter nacional
–digamos--, corresponden muy diversas luchas sociales y políticas regionales,
que hasta ahora, los historiadores han prestado muy poca atención.
Y nosotros deseamos señalar aquí que, en el caso concreto de
Poza Rica, también se desarrolló una sorda, violenta y sangrienta
guerra sucia, aplicada feroz y tenazmente en contra de los opositores al sistema
y a los grupos caciquiles.
Veamos algunos ejemplos de tal guerra represiva, que no pos ser selectiva
fue menos persuasiva.
En el año de 1954, el trabajador petrolero Francisco
Neri le ganó una demanda laboral a Petróleos Mexicanos, debido
a que comprobó que se le había rescindido injustamente su contrato
de planta en la paraestatal. Y cabe agregar que ello había ocurrido
porque Neri era un opositor permanente a los líderes sindicales charros
que encabezaba el corruptazo Pedro Vivanco, y que gozaban de la protección
del poderoso cacique local Ing. Jaime J. Merino.
El extinto líder sindical disiente (hombre honradísimo
a carta cabal), Teodoro Tapia Martínez, nos contó sobre este
caso que Merino había tomado como asunto personal el pleito que se
tenía con Neri. Y que unas semanas antes de la resolución
del conflicto legal, el mismísimo Merino había amenazado al
trabajador opositor. El día que Francisco Neri fue notificado
de su reinstalación y triunfo laboral-sindical, y poco después
de que cobró 45 mil pesos de salarios caídos, algunos testigos
vieron que los guaruras merinistas lo
habían subido violentamente a una camioneta que ostentaba las siglas
de la empresa paraestatal. El resultado fue que nunca mas se vio con
vida al joven Neri. Y algunos años después cuando se construía
el Fraccionamiento “Jardines de Poza Rica”, que era propiedad del industrioso
Merino –naturalmente--, se encontró el cadáver del trabajador
citado, el cual fue identificado gracias a una muy peculiar placa dental.
Ese, sin duda, fue un asesinato político, como represalia y advertencia
para todo aquél que quisiera luchar en contra de los atropellos y
autoritarismos de un cacicazgo que era protegido ampliamente por los poderosos
hombres de aquél sistema que nos gobernó durante mas de setenta
años.
Empero, las represiones y asesinatos no terminaron ahí.
La lista sería larga y cruentísima.
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