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Turismo
rural en “Santa Lucia”; volver al pasado
POR GINA CORTES
FOTOS: JORGE HUERTA
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Amanecer
en la Hacienda "Santa Lucía"
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El auge de las expediciones han invertido el
orden de las cosas, como si “los patos le tiraran a las escopetas”.
Cada vez son más comunes los viajes diseñados para que
la gente de las ciudades sientan lo que es convivir con la naturaleza
y participar en actividades rurales.
Disfrutar del recorrido a caballo y acampar algunas noches adquiere
un significado diferente tratándose de la ex-Hacienda “Santa
Lucia” . Por lo que les relataré a continuación
nuestra expedición a este lugar.
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Alfonso
Garmilla preparando ls caballos para los ansiosos jinetes
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A las siete en punto de la mañana nos
esperaba. Sentado en una banca del parque Juárez frente al
mural de Teodoro Cano, en Papantla. Alfonso Garmilla propietario de
“Santa Lucia”. Muy cerca, una mujer con su enagua blanca
y blusa con detalles bordados en múltiples colores adornaba
la calle, como si esperara allí para darnos la bienvenida.
Dispuestos a llegar a nuestro destino, nos dispusimos a abordar nuestro
medio de transporte que nos llevaría hasta el lugar.La Hacienda
se localiza a escasos veinticinco minutos de la ciudad de Papantla
en la carretera hacia San Andres. Al bajar de la camioneta, una vez
en “Santa Lucia”, los caballos nos esperaban. Fue un ritual
espléndido ver como Alfonso preparaba a “Morgan”,
“Careta”, “Girasol” y “Cubana”.
Excelentes caballos para montar, ya por nuestra inexperiencia pensé
que sería más difícil. Mas no fue así.
Se antoja quedarse callado y escuchar
el canto de los papanes reales, los chechenes, pájaros carpinteros,
lo cual es su manera de dar la bienvenida. Ya montados cada quien
en su respectivo caballo, galopamos a campo abierto serpenteando por
las veredas. De vez en cuando se escuchaba el crujir de las ramas
por algún armadillo o tejón, que al verse descubierto,
huía de nuestra vista.
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Cabalgata
por una vereda de la Hacienda
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El sonido de los cascos de los caballos sobre
las brechas empedradas nos acompañaron por buen rato en nuestra
cabalgata. Convencer a “girasol” de subir y bajar pequeños
cerros fue mas fácil de lo que pensé. Contemplar la
selva tropical pletórica de cedros, ceibas y guasimas es una
delicia que contrarrestaban el clima cálido.
Mientras avanzamos el pasto fue adquiriendo
un tono verde esmeralda, y una palmera que parecía tocar el
cielo me dio la impresión de que vigilaba y cuidaba tan hermoso
paisaje.
Avanzamos un poco mas y apareció un río de aguas tranquilas,
donde remar es actividad de rigor. “Morgan” el caballo
delfotógrafo se detuvo a pastar en un matorral. Indiferente
a las acciones de su jinete, que estaba concentrado en la cacería
de imágenes.
Comenzaba a sentirme cansada cuando Alfonso nos indicó una
colina con una casa de madera rodeada de gigantes y hermosos árboles.
Amarramos los caballos a un árbol de chote y descansamos bajo
la sombra de un árbol de hule. Aquí es el lugar ideal
para acampar con una vista inigualable. Hacer una fogata y escuchar
los grillos. Contemplar las estrellas y la luna. Pensé que
lo que había disfrutado en vida no podía ser superado.
Me equivoqué.
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El Casco
de la Hacienda Santa Lucía
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Al final de nuestro recorrido llegamos al casco
de la Hacienda. Contemplamos lo antiguo de la construcción
rodeada de plataneras y naranjales. La casa de raya de la época
porfiriana y la iglesia que guarda pasajes de la guerra cristera.
Fue maravilloso.
Y para cerrar con broche de oro, nos esperaba un delicioso almuerzo
que incluía frutas y bocadillos que Marylupe -esposa
de Alfonso- preparó aderezado con la agradable e interesante
conversación de nuestros anfitriones.
Nuca podré acabar de describir la sensación que me invadió.
Me fascina la idea de pensar que nuestro recorrido no hubiera sido
posible en otro medio de transporte. Me sentí en la cresta
del mundo después de haber llegado hasta ahí montada
sobre un caballo. |