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(Foto: Jorge Huerta E.)
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Aún
cuando las mantas que se colocaron en los puestos donde se expende
cerveza a diestra y siniestra, rezan que no se vende a menores de
18 años, lo cierto es que en Cumbre Tajín, si algo se ha vendido exagerada
e impunemente, ha sido esa bebida que consumen menores de edad en
forma indiscriminada, según se puede constatar durante todo el día
y más aún, por las noches.
Es común ver como niños aún que no pasan de los 15 o 16 años –hombres
y mujeres--, se pasean muy orondos con su cerveza en la mano y hasta
jugando apuestas de “a ver quién aguanta más”, entre unos y otros,
según comenta don Pedro Sebastián Cortés, visitante que vino a cumbre
Tajín, atraído por “la publicidad de la tele, pero nunca imaginé encontrar
espectáculos como este” y señalándonos a un grupo de jovencitos con
el cigarro en una mano y la cerveza en otra, caminaban hablando entre
ellos a leperadas y sorbiendo a las chelas que según el letrero, no
se debe vender a menores.
Y nos detuvimos a charlar momentáneamente con él, porque escuchamos
cuando les dijo “chamacos, los van a ver sus papás” y por respuesta
recibió una leperada en tanto los muchachos, --5 integraban el grupo
y todos con su cerveza en mano--, se alejaban riendo a carcajadas
y diciendo “viejo loco”.
Nos dijo, “seguramente sus papás no saben como se comportan aquí estos
jovencitos, porque si supieran seguramente no los dejarían venir,
ni les dieran dinero”. Don Pedro se veía molesto “y no por las pendejadas
que me dijeron, sino porque ¿qué destino nos espera con esta juventud?”.
Agrega más adelante, “yo vengo porque quiero conocer de la cultura
y sí, entretenerme un rato, mire acabo de ver volar a unas chamacas
y eso es bueno, mejor que se dediquen a eso aunque es riesgoso, pero
que no desperdicien su juventud en vicios”. Las jovencitas como antes
unos niños y también otros adultos, acababan de ejecutar el ritual
del volador desde sus respectivos árboles –obvio que el de los niños
es de menor altura que el de los adultos--.
Era apenas el día de la inauguración y ya la cerveza se estaba vendiendo
como arroz. Lo que posiblemente don Pedro Sebastián ya no vió, fue
lo que sucede por las noches cuando el consumo es de verdad intolerante,
indiscriminado y lo que menos se observa es la no venta a menores
de 18 años, pues ni siquiera les piden su credencial de elector para
corroborar que en efecto, tengan esa edad.
Durante la presentación del Tri, la venta de cerveza seguramente rompió
récord y en el segundo, aunque disminuyó un poco o al menos fue lo
que percibimos, lo cierto es que coincidimos con el visitante proveniente
de Tampico, en que “este festival si no vendieran alcohol, sería mejor
y cumpliría mejor su función de culturizarnos”. (19/marzo/06)