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A cargar energía
Por: Mary Salas/
Fotos Jorge Huerta
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HAa
(Foto: Jorge Huerta E.)
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Eran las 7 de la mañana cuando la
carretera federal San Andrés-María a la Torre de Coatzintla,
se empezaba a congestionar de vehículos, y auque la fresca
y nublada mañana invitaba una aparente lluvia, el horizonte
y el alba comprometían al astro a dar la cara horas adelante
y causar estragos entre los 45 mil asistentes aproximadamente, que
se dieron cita en el equinoccio del pasado 21 de Marzo.
Ese equinoccio donde se vio enmarcado de
olores, de saumerio, copal, lágrima de recina, de lociones
de la española, del negro, de la buena suerte, de hierbas
del negro, de albacar, de pirul y hasta de hierbas de la gobernadora
con tal de quitar toda aquella mala vibra que se trajera espiritualmente
entre cada uno de los asistentes.
Húngaros pero de Hungría, españoles,
franceses, canadienses, estadounidenses, y gente de otros estados
de la República Mexicana, fueron engrosando la entrada principal
de la zona antropológica del Tajín, donde se vio de
todo.
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Hasta
fila hicieron para la Barrida
(Foto: Jorge Huerta E.)
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Había desde ropa de manta típica
del totonacapan, cuarzos originales y falsos, esencias, compactos,
manta para ropa, sueters de manta, vestidos y batas de fibra de
algodón, hilo, sombreros, pirámides de la buena suerte,
pulseras de conchas de mar y supuestos cuarzos de la buena suerte,
gafas para el sol, bolsas, zapatos de la región, artesanías
de todo tipo y hasta perros de peluche y trastes de cerámica
y aluminio que no tenían nada que ver en la Cumbre, y que
terminó formando un tianguis dominguero casi a la entrada
de dicha zona.
Y no se diga más de la comida informal, los chiles rellenos
llevaron la delantera, tamales y huevos hervidos y hasta empanadas
de flor de calabaza, que se vendieron como pan caliente, ya que
los precios iban aumentando hasta llegar al comercio formal.
La danza de los viejitos, la de los voladores
de Papantla, la de los caballos y los rituales de ofrenda estuvieron
presentes haciéndole ofrenda al equinoccio de primavera,
donde los chamanes o brujos ramearon hasta todo aquel creyente para
sacarle las malas vibras, no sin un peso que dar.
Unos bailaron en rueda, otros gritaron, algunos
lloraron y otros hasta temblaron en punto de las 12 horas, donde
el color blanco de los vestidos, formaban una sábana blanca
conformado de gente que de lo más alto de las pirámides
y frente a la pirámide de los Nichos, elevaban sus manos
por segundos y minutos, no sin antes de quemar copal y barrerse
con sus hiervas, y elevar al sol un listón verde que significa
vida, además de frotarse aguardiente y otras colonias curativas.
Hasta la presencia del padre de Coatzintla
no quedo atrás elevando cantos, alabanzas y hasta una misa
para dar fe ante los ojos del Todo Poderoso de la fe y del regocijo
de los presentes, y todo aquel católico que se acercó
y que tuviera fe hasta en una piedras que exponía al sol
a cargar de energía.
Ya de regreso la multitud empezó a
apresurar el paso mientras otros apenas caminaban los cinco kilómetros
de entrada, y a empellones trataban de llegar a ingerir algún
alimento y agua, tras los estragos del astro sol: la insolación.
De esa manera algunos pudieron salir y otros
apenas llegaban descendiendo la tarde, no para tomar energías
y no por pasar un domingo de compras y cena, y apenas conocer el
Parque Temático y visitar lo que alcanzaran a ver de la zona
antropológica que una año más realizó
su tradicional y típico equinoccio de primavera, que de acuerdo
a sus raíces sólo los indígenas valoraban y
festejaban los verdaderos rituales hasta en forma anónima.
(20/Marzo/04)
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